Autopresentación

Autopresentación

Mi imaginación se compone de restos heterogéneos, que son el legado de quienes vivieron en diferentes épocas y lugares lejanos: Italia, con sus Apeninos ricos en arcilla; los Andes, con sus pueblos desaparecidos y sus culturas sobrevivientes; África, con su arte aún misterioso; el mundo global, que mezcla las experiencias en su sistema circulatorio virtual, en sus medios de comunicación, en los vuelos low-cost.
Cuando me relaciono con el material mineral y con el calor que le da consistencia, cuando lo hago coagular y luego mover la luz y las sombras a través de la cámara fotográfica, no pretendo crear nada nuevo: sólo busco la forma en la que se expresan mis ancestros mestizos, en cuya sangre se mezclaban Europa, África y América.

Es verdad que yo estudié la escultura de la Academia, visité galerías de arte, admiré las colecciones de los museos; pero lo que me caracteriza es otra cosa: libero mi mente en un espacio en el que puedan resonar las voces que me habitan y que componen mi código genético desordenado; escucho a las mujeres indias que, una vez que terminan de cocinar, me cuentan como, jugando con las sobras, se pueden plasmar figuras con la miga de pan o con puré de papa; que trabajan sus cacharros con una técnica perfecta y luego los cuecen en hornos de barro; o recupero la experiencia de los alfareros Lucanos, mis bisabuelos y tatarabuelos italianos que hicieron ánforas para el aceite, siguiendo las instrucciones recibidas, sólo Dios sabe de qué remoto antepasado que cruzó el Mediterráneo; o hago converger la alta cualificación de los maestros de la cerámica de la Toscana, cuyas glorias se atestiguan en los fondos de los museos, con la maestría de los artesanos que modelaron cuencos o ídolos con el barro de África.

¿Por qué yo, internauta global, reclamo el derecho a traer a la superficie todo esto? ¿Por qué no me puedo reconocer en el artista original que sorprende en sus exposiciones con sus ideas inéditas? ¿Por qué no me siento apropiado en el papel de quien añade significado a lo ya resuelto? La respuesta probablemente suena trivial: aprendí algunas técnicas, conocí a mucha gente, he recordado, mezclado, amasado…

Bueno, yo soy un artesano que escucha; tal vez copia, quizás reinterpreta; no lo sé: las cosas son así y las acepto. Luego, trabajando, trato de entender y respetar las reglas de las raíces minerales de una vasija, me adapto a la disciplina impuesta por los materiales, que a menudo no perdonan los errores, lo forzado, lo artificial.
Y en este trabajo dejo hablar a otros a su manera, como si yo fuese sólo un canal, un punto de emergencia: son señales, mensajes, exigencias que enfrento cuando me encuentro con personas que están en el límite, cuyas vidas están marcadas por la locura o la delincuencia.

Hoy, esta subjetividad considerada desviada, estas experiencias que delínean el límite de la normalidad social nos devuelven la inspiración de infinidad de hombres y mujeres que la historia, a menudo violentamente, ha eliminado.